divendres 23 d’abril de 2010

En el dia del llibre

Con motivo del Día del Libro, deseo compartir con tod@s l@s usuari@s del blog mis impresiones acerca de la novela de Orhan Pamuk, El Museo de la Inocencia, a la venta tanto en castellano como en catalán. Su autor, turco, obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 2006. Tras leer esta novela, uno entiende por qué es digno de este galardón.

Para empezar, es una historia de amor. Diferente a muchas, pues la fidelidad del protagonista Kemal hacia su amada Füsun se prolonga por lustros, fortalecida sólo por las miradas que se cruzan, los recuerdos de un mes y medio de felicidad y la insensatez de que sin ella no hay vida. Realmente, Kemal, como don Quijote, es un monomaníaco: Füsun es su vida, su centro, su eje, su sentido, su aislamiento, su decisión, su lucidez y su felicidad. Y todo ese amor obsesivo se materializa en la colección de pequeños objetos de la vida cotidiana (de Füsun y después de otros seres) que el impenitente enamorado va coleccionando y con los que desea crear el Museo de la Inocencia, al final de la novela. De pronto, la magia que envuelve a esas pequeñas cosas de las que no nos queremos o podemos deshacer aparece materializada en un libro con un detallismo de orfebre.


Otro aspecto deslumbrante es el poderoso análisis del duelo amoroso. Cuánto detallismo en los aspectos de la distancia, la frustración y el desgarro amorosos. Cuánta verdad en afirmaciones luminosas e inesperadas. Qué gran conocedor del alma humana, como Cervantes, se revela Pamuk. Esta novela, que se recrea en los mismos sentimientos una y otra vez, no es reiterativa, no cansa, pues el ritmo de sus repeticiones es el mismo que el de un corazón herido de amor.


Estambul brilla con toda la sensualidad de Oriente. Desde Las mil y una noches a Naguib Mahfuz, está demostrada la capacidad de los artistas orientales para plasmar la luz, los colores, el movimiento. Estambul es un ser vivo, testigo, cómplice y adversario de la vida de Kemal y de Füsun. Aprendemos la occidentalización de la alta burguesía, el ambiente en los barrios castizos, las costumbres gastronómicas. He visitado Estambul dos veces; tras esta lectura, es seguro que volveré una tercera. Así como Washington Irving me llevó a la Alhambra, Pamuk me arrastra de nuevo a Estambul.


Y, para terminar, el autor cuenta al final que él es la voz de Kemal (como Cervantes lo fue de Cide Hamete Benegeli). Que éste le pidió que narrara su historia. Saltándose todas las fronteras entre ficción y realidad, resulta que Orhan Pamuk está poniendo en marcha un Museo de la Inocencia en Estambul, con miles de objetos recogidos de aquí y de allá, que espera inaugurar dentro de dos años, en la casa que en la novela aparece como el hogar de Füsun. Yo, desde luego, pienso acudir cuando se inaugure: ¿alguien se apunta?


Ángela Hualde





Títol: El Museo de la Inocencia

Autor: Orhan Pamuk

Traductor: Rafael Carpintero

Editorial: Mondadori

Any: 2009




Títol: El Museu de la Innocència

Autor: Orhan Pamuk

Traductor: Ramon Monton

Editorial: Bromera

Any: 2009





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