dimarts 15 de febrer de 2011

Reseña sobre Pedro Páramo

El sufrido lector se corta las manos al intentar reconstruir el espejo roto que es la vida de ese cacicazo mexicano llamado Pedro Páramo, se asfixia y siente el terror infernal de Juan Preciado, el cual nos habla “del más allá” cuando ya está “allá” (o “acá”, según se vea), bajo el suelo calcinado de Comala, entre la opresiva madera de la tumba. Y es que en Comala todos están muertos. Todos. Hasta el narrador, el mencionado Juan Preciado, hijo de Pedro Páramo, al que ha ido a buscar para cumplir la promesa que le hizo a su madre en el lecho de muerte y no encuentra, no encuentra ni encontrará jamás porque Comala es una sombra abrasada, un pueblo habitado por espectros del pasado, empedrado de ecos, transitado por murmullos… Los personajes son parcos en palabras, van y vienen y se esfuman sin ningún tipo de explicación narratorial; el autor los hace desaparecer como a fantasmas, los “despedaza” como si fuera Jack el destripador y nos deja pocas pistas para saber dónde escondió las piernas, las voces y los recuerdos.

Por tanto, quien busque una lectura de verano, es decir, un libro placentero que exija del lector un esfuerzo mínimo, que no abra las páginas de Pedro Páramo, la única novela del mexicano Juan Rulfo. Que no las abra porque quizá el “tiempo de la canícula, cuando el aire de agosto sopla caliente” no sea el más propicio para adentrase en un mundo tan fragmentado, fantasmal y difícil de interpretar como el que aquí se nos presenta.

La narración en primera persona de Juan Preciado la seguimos con cierta facilidad, aunque no sepamos hasta la mitad más o menos de la novela que es una conversación de ultratumba (o, para ser exactos, de tumba) con Dorotea, su compañera de estrecheces. Pero hay fragmentos en tercera persona intercalados, incrustados en medio de lo que sería el hilo que una novela tradicional seguiría; estos fragmentos incluyen, entre otras cosas, los recuerdos de infancia de Pedro Páramo o las frases con que la madre de Juan Preciado le había descrito Comala (ya totalmente cambiada en esa especie de presente eternizado desde el que Juan Preciado habla).

Se ha destacado la universalidad de los temas de Pedro Páramo, a pesar de que la novela hunde sus raíces en la realidad mexicana : el amor (a Susana San Juan por parte de Pedro Páramo, por ejemplo), la confusión entre la vida y la muerte (reflejo también de la situación social del país), la guerra (la revolución de los Cristeros emerge al final de la novela), la presencia de una religiosidad fuerte y condenatoria (el Padre Rentería no concede apenas el perdón a nadie), el sentimiento de culpa derivado de la religión (debido a ello los personajes son condenados a vivir en una especie de mundo a medio camino entre el cielo y el infierno), etc.

Por lo que respecta al lenguaje, hay que decir que el habla de las gentes del lugar se refleja a través de numerosos modismos y expresiones coloquiales (abundan los anacolutos, los diminutivos, etc.). También hay tiempo para un lirismo de corte poético, que es el que caracteriza las apariciones del narrador omnisciente y las veces que se explicitan los recuerdos infantiles de Pedro Páramo. Sin embargo, yo destacaría la ‘esencialización’ de la palabra que lleva a cabo Juan Rulfo: ello lo vemos en las abundantes onomatopeyas (por poner un par de ejemplos, si un cuervo cruza el cielo graznando, no se nos dice que grazna, sino que hace “cuar, cuar, cuar”, y si se trata de describirnos el sonido del agua al chocar con el suelo con un “plas, plas y otra vez plas” le basta); también en el uso de palabras, digamos, proféticas y que ayudan a estructurar la novela (al principio del libro, todavía de camino a Comala, se nos dice: “después de trastumbar los cerros bajamos aún más”. Podía haber dicho “pasar los cerros”, pero nos dice “trastumbar” –palabra que contiene la palabra “tumba”-. No creo que sea casual), etc. No hay una palabra en la novela que no tenga una razón de ser. Hasta tal punto se esencializa el lenguaje que el silencio parece convertirse en un personaje más, como se menciona en varios momentos de la obra.

Esta novelita (por su extensión) da para mucho y poco seguro. Uno se adentra en ella y, como pasa con las buenas obras, no es que no sepa cómo salir, es que no sabe qué camino tomar. Tal es la multiplicidad de lecturas que propicia y las dudas que plantea. Se podría tratar alguna en un trabajo más extenso, pero esto pretendía ser una breve reseña y ya empieza a írseme de las manos.

Damián Cuenca

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1 comentaris:

Anònim ha dit...

Gracias, muchas gracias por la aguda y certera crítica de este apasionado lector. Yo releí esta novela hace unos cuantos meses, añorante de literatura "de verdad". Por su legua sencilla pero electrizante, su pensamiento humilde pero hondo, su historia inverosímil pero creíble, una obra, en verdad, "esencial" en todos los sentidos.